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Moneda de Plata para México

Estabilidad y orgullo nacional

Precio Onza Libertad Fuente: Banco Azteca, Institución de Banca Múltiple.
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Jugando al Turista
viernes, 5 de junio de 1998
Francisco Helguera Ramírez

Jugando al turista

Algunas de mis primeras lecciones de economía y finanzas las recibí jugando al turista. Sí, al Turista, o como originalmente se llamó, Monopoly, monopolio.

En un tiempo, verdadera pasión de pequeños y adultos. ¿Usted nunca lo jugó, o ya no se acuerda como era ?.

Sintéticamente: se trataba de un tablero cuadrado que tenia impresos, en cada uno de sus cuatro lados, casillas con los nombres de lugares de la república; se jugaba tirando dos dados y avanzando sobre el tablero tantas casillas como puntos se hubieran obtenido con los dados. Simple.

Al principio del juego, las casillas en las cuales iba uno cayendo se podían ir adquiriendo y cuando se tenían todas las de un mismo color, dos o tres, según el caso, se podían empezar a construir primero gasolineras y cuando se tenían cuatro gasolineras, se podía poner un hotel ( creo ).

El caso era que en la medida que el juego avanzaba, eran cada vez menos las propiedades disponibles y por lo general, las series de un solo color quedaban repartidas entre los jugadores. La parte interesante era entonces la negociación para adquirir las faltantes y tener una serie y poder construir, porque, se me olvidaba decirles, cuando un jugador caía en una casilla que era de otro jugador, tenia que pagar una renta que iba en aumento a la medida en que había mas construcciones.

La oferta y la demanda establecían los precios de los títulos de propiedad, porque se compraba para poder fincar, o para que otro no fincara. Además, no todas tenían la misma tarifa. Cuando el tablero se iba llenando de propiedades, era cada vez más riesgoso y costoso recorrerlo.

Yo solía jugar con mis primos, pero ahí el juego era...otra cosa.

Para empezar, por alguna obscura razón, Nacho el mayor de mis primos, tenia que ser el banquero. Quizá porque era el dueño del tablero. A cambio de diez centavos, de aquellas hermosas moneditas de plata de diez centavos, nos daba mil doscientos cincuenta pesos en billetes del "Banco de la Ilusión" escrupulosamente contados. Lo suficiente para iniciar el juego. Al final, cuando uno tras otro los jugadores habían ido quebrando, sólo el ganador cambiaba cada mil doscientos cincuenta pesos por una monedita de diez centavos. Limitado a dos lotes, porque el banco central no devolvía más que eso. Se podía uno salir del juego, pero de cambiar los billetes del "Banco de la Ilusión" por nuestras moneditas...ni hablar

Eso si, se reconocía al que ganaba y recibía los correspondientes aplausos y laureles. Yo, de ninguna manera insinúo que me hicieran trampa, pero generalmente terminaba perdiendo, Enrique y Nacho, más juiciosos, eran los ganadores habituales. Nacho es muy emprendedor y como el juego venía con muy pocos billetes, emitió más y de mayores denominaciones, para acelerar la economía.

En el juego normal, cada vez que el jugador pasaba por "México", se le daban doscientos pesos; para poner sus nuevos billetes en circulación, Nacho aumentó el premio. Luego, subastaba concesiones para vender a los demás jugadores ( mis cuatro primos y yo, más algún visitante ocasional), limonada, galletas y a veces, pan de dulce (conchas) relleno de frijoles de la olla, manjar exquisito que merece un homenaje especial. Pues sucedió que en la medida en que iba aumentando el circulante, los precios se dispararon. Veracruz, la propiedad más cotizada, valía, a precio de tablero, 250 pesos; en negociación para completar la serie e integrar el monopolio, llegaba a los 500 o 750 pesos. Con la nueva política monetaria, Veracruz llegó a los ¡quince mil pesos ! . Una negociación era más o menos así; con un puro de chocolate en la boca y los bolsillos a reventar de billetes, decía un nuevo rico: "Te doy Morelia y diez mil pesos por Jalapa"... Interrumpía el otro: " No le des Jalapa...nos va a arruinar, yo te doy Tehuacán y doce mil pesos"...

Los precios de las propiedades se dispararon. Circulaban cada vez más billetes, pero los billetes compraban cada vez menos conchas con frijoles y menos vasos de limonada. Por supuesto, con la inflación también la moral se resintió, produciéndose diálogos como este:

.-"Dame un vaso de limonada, aquí están tus cincuenta pesos"

.-" Ya subió, vale cien"

.- ¡"Bandido" !

.-"Toma agua de la llave..."

Pero no solamente eso... hubo otras mucho más alarmantes manifestaciones; al enriquecer desorbitadamente algunos jugadores, se produjeron alianzas y confabulaciones encaminados a favorecer a ciertos jugadores o perjudicar a otros...

Con el sistema monetario original, ir a la cárcel, uno de lo azares del juego, era bochornoso. Había que pagar una multa de cien pesos o dejar de tirar dos turnos. Con la horrorosa inflación, no había problema; se pagaba la multa y ya. Es más, se daba el caso de que el procesado le diera un billete de quinientos pesos al banquero, y este le dijera:

.-"No hay cambio... "

.-"No le hace, ahí déjalo para la próxima..."

No faltó quien rematara sus propiedades y cometiera un suicidio económico, dedicándose a recorrer el tablero y a gastarse su fortuna pagando las rentas y dando extravagantes propinas hasta quedar en la miseria...

Y claro, al final del juego, en valores reales, solo devolvía el banco central dos moneditas de plata.

¡La maldición del papel moneda sin respaldo real!

Los miles y miles de pesos del "Banco de la Ilusión", sólo habían servido para una frenética actividad financiera cuyos resultados inmediatos habían sido un brutal encarecimiento de las subsistencias y un notorio deterioro de la moral pública.

El caso es que según un estudio de la U.N.A.M. , más de cien países han tenido crisis bancarias similares a la nuestra; de estos, una alarmante mayoría optaron por un rescate de la Banca, y sólo unos cuantos emprendieron una labor de rescate integral. En realidad, no es posible rescatar a la banca sin rescatar a los demás participantes del mercado.

El origen del problema radica, en una gran proporción, en el dinero de papel sin respaldo (dinero fiduciario). Una afluencia artificial deforma los sistemas de precios y retribuciones, distorsiona el valor de los bienes de capital y lo más grave: se convierte en un cáncer que destruye el ahorro y devalúa constantemente el capital de trabajo de las empresas.

En nuestro juego, alguna vez hubo disturbios, rápidamente sofocados por la autoridad paterna. Pero hoy Indonesia, con 200 millones de habitantes, 4° país más poblado del mundo, por problemas de esta misma naturaleza originados por la moneda de papel, está a un paso de la caída de su gobierno y de la violencia generalizada. Y la autoridad paterna, (el FMI ), no parece tener la capacidad para sofocar el conflicto.

Uno de los factores que integran la tasa de interés de un crédito, es el factor riesgo y el deterioro del capital es un riesgo que hay que incluir; mientras más rápido se deteriora una moneda, mayor debe ser la tasa de interés que compense ese deterioro. En la época de inflación acelerada del gobierno del Lic. Miguel de La Madrid, la tasa autorizada por Banco de México para la captación bancaria a 28 días, llegó a 149%. Yo vi operaciones al 500% en el mercado de dinero a 24 horas.

Con los bolsillos llenos de billetes del Banco de México y con un puro de chocolate en la boca, se pactaron grandes negocios, como la compra de un banco y otras menudencias. Y en la búsqueda del dinero fácil, se sobornaban tesoreros y se compraron conciencias. El "abarrote", como diría José Luis Sánchez Pizzini.

Pero eso es sólo la espuma, la escoria. Lo grave está abajo. Un enorme sector de la sociedad en quiebra técnica, la industria de la construcción en crisis, el problema de la vivienda aparentemente sin solución porque la clase que más necesita resolverlo no tiene poder adquisitivo ni ahorros para comprar, ni puede pagar las tasas de interés que se derivan de toda la problemática del sistema financiero.

El dinero fiduciario es irresistible tentación para los gobiernos, pero la realidad contable y financiera, implacablemente reclaman la deuda contraída. El no volver a una moneda de valor real es un capricho; tan es así, que las medidas que se impusieron, dictadas por el Fondo Monetario Internacional, lo que están buscando es establecer una relación adecuada entre el circulante y la producción. Sólo que lo hacen partiendo de una base igualmente endeble, el dólar, también una moneda sin respaldo real.

La verdad, ¡Que lástima que los funcionarios de Banco de México no jugaron al turista con nosotros cuando eran niños!

¡Lo que hubieran aprendido!